Yolanda Domínguez: “A los hombres se les educa para ejercer el poder y a las mujeres para seducir al poder”

Yolanda Domínguez es una artista visual nacida en Madrid que ha presentado su trabajo en diversos festivales nacionales e internacionales. A través de sus livings, cuyos temas principales son el género y el consumo, busca impactar al espectador, y hacer que este se cuestione prácticas y comportamientos habituales producto del sexismo y la marcada obsesión […]

Yolanda Domínguez es una artista visual nacida en Madrid que ha presentado su trabajo en diversos festivales nacionales e internacionales. A través de sus livings, cuyos temas principales son el género y el consumo, busca impactar al espectador, y hacer que este se cuestione prácticas y comportamientos habituales producto del sexismo y la marcada obsesión con la belleza que caracterizan nuestra cultura. En La U hablamos con ella sobre el papel que la mujer ocupa en los medios de comunicación, y en la sociedad en general.

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P.- En el living “Katy Salinas” llevas al extremo la obsesión con la belleza que vivimos en la actualidad. ¿Qué consecuencias crees que tiene para las mujeres vivir en una cultura que ensalza su aspecto físico por encima de todo lo demás?

R.- Tiene muchísimas consecuencias. Es una limitación enorme a la hora de desarrollar todas nuestras capacidades y aptitudes, nos empequeñece, sobre todo teniendo en cuenta que no se valora el cuerpo en todo su proceso, sino congelado en un tiempo (la juventud) y de acuerdo a un estereotipo concreto, dejando fuera a todas aquellas mujeres que no cumplen esos requisitos. Las frustraciones, complejos y miedos que generan la no aceptación de nuestro propio cuerpo desembocan en graves trastornos físicos y psicológicos. La cosificación de la mujer en los medios de comunicación y la publicidad es una de las consecuencias directas de esta obsesión, representar a las mujeres como un cuerpo nos deshumaniza, nos vuelve objetos sin sentimientos ni emociones,  lo que deriva a su vez en conflictos tan graves como la violencia de género y la objetificación sexual. 

P.- En “Chica joven y con buena presencia” una joven se ofrece a realizar el papel tradicional que ha venido desempeñando la mujer  en el matrimonio a cambio de una serie de privilegios. ¿Crees que en la actualidad la mujer ha alcanzado la igualdad dentro de la pareja, o que por el contrario los roles tradicionales siguen todavía latentes? A día de hoy la forma más habitual en que las mujeres aparecen retratadas en los medios es como “madres, esposas, hijas o víctimas”. ¿A qué crees que es debido?

R.- Creo que la clave está en la dependencia económica. Necesitar a otro para la propia supervivencia genera automáticamente una rol de sumisión en la relación. Todavía hay muchas mujeres así, no solo de otras generaciones, sino también jóvenes. La diferencia salarial entre hombres y mujeres también genera una brecha en la posibilidad de igualdad. Normalmente la pareja adquiere el nivel de vida de la parte más elevada (que suelen ser ellos), siendo luego complicada la emancipación de la parte más baja. Es cierto que ya no hay una diferencia tan grande de roles en cuanto a las tareas de la casa, pero las mujeres seguimos desempeñando funciones de cuidadora en mayor proporción que ellos.

Los estudios demuestran que las figuras femeninas representadas en los medios de comunicación en mayor proporción son actrices, modelos y amas de casa, mientras los varones representan el poder, deporte y empresa. Estos referentes también nos condicionan, al sentar las bases de aquello a lo que podemos, o no, aspirar. Si tuviéramos más modelos de mujer en cargos de poder, dirección o empresa podríamos empezar a vernos dentro de esos papeles y desarrollar también esas capacidades.

Poses
Poses

 

P.- En el living “Poses” ridiculizas las imposibles posturas con las que las modelos femeninas aparecen en la publicidad y en las editoriales de moda. Es habitual que las mujeres adopten un papel pasivo, que aparezcan desnudas frente a hombres vestidos que se encuentran en una clara posición de superioridad. ¿Hasta qué punto crees que afecta esta cosificación de la mujer a la forma en que esta es percibida en otros ámbitos? En algunos anuncios esta aparece incluso golpeada o en una clara posición de peligro. ¿Qué dice de nuestra sociedad el que la violencia contra la mujer sea una estrategia publicitaria efectiva?

R.- La representación de la mujer siempre ha estado en manos de los hombres, desde los primeros cuadros pintados por hombres para hombres, donde la mujer era solo un cuerpo bello, dócil, sensual y disponible, hasta las imágenes que vemos hoy en los mass media, que siguen repitiendo los mismos estereotipos. Lo peor de todo es que las mujeres hemos aprendido esta forma de mirarnos y también la reproducimos. En muchas de las imágenes de moda hay una violencia implícita terrible hacia el sexo femenino, igual que en la pornografía: hay una relación visible de poder y sumisión. La moda juega con el poder, la violencia y el sexo para generar imágenes impactantes e incluso polémicas, lo importante es llamar la atención. Son perfectamente conscientes de lo que están lanzando al mundo, pero el dinero manda. Afortunadamente los lectores empezamos a ser cada vez más conscientes y a leer las imágenes, a decodificarlas. Tenemos que ejercer nuestro poder como consumidores, apoyando a las marcas que realmente estén siendo éticas e ignorando a las que no lo son.

P.- En “Rebajadas” tratas el tema de la rivalidad femenina. ¿Crees que esta se ve de una forma diferente a cuando tiene lugar entre hombres? ¿Fomenta la sociedad la competitividad entre las mujeres? ¿Crees que las innumerables exigencias acerca de lo que se espera que debe ser una mujer afectan a que haya más rivalidad entre estas?

R.- Absolutamente sí, la sociedad fomenta la rivalidad entre las mujeres. Se nos pinta de histéricas, de locas y de malas. Esto también genera referentes que tendemos a seguir como monos de repetición. Debemos dejar de creernos estos clichés y tender más brazos de fraternidad entre nosotras, nos iría mucho mejor. No creo que sea una rivalidad natural, sino aprendida, y esto nos debilita como colectivo.

Puede ser que el nivel de autoexigencia que tenemos nos haga más críticas. Hemos de relajarnos en este aspecto y empezar a querernos y aceptarnos tal como somos, eso hará que nos relajemos también con las demás.

P.- En “La metamorfosis” te cuestionas la utilización del culto al cuerpo como forma de ascender en el mundo laboral. ¿La mujer se transforma por elección o por necesidad? Incluso las mujeres que ocupan puestos de poder en absoluto relacionados con la estética son juzgadas por su aspecto físico, algo que no pasa en el caso de sus homónimos masculinos. ¿Por qué crees que ocurre esto? ¿Qué podemos hacer para cambiar las cosas?

R.- A los hombres se les educa para ejercer el poder y a las mujeres para seducir al poder, es la manera en la que tradicionalmente la mujer podía acceder a un nivel de status mayor. Camuflada de “libre elección” hay que analizar cuánto hay de libre o impuesta en ella. Desde que somos niñas se nos educa para potenciar nuestra belleza, nuestro cuerpo. ¿Somos realmente libres una vez asumida esta pauta? La presión con respecto a nuestro cuerpo sigue estando presente una vez alcanzado un rango laboral, se nos sigue en función de lo que llevamos puesto y nuestra apariencia, eso nos resta credibilidad como profesionales en cualquier campo.

Creo que tenemos muchas vías para modificarlo, la educación en la igualdad, juguetes que fomenten roles más equitativos, control de las imágenes en los medios de comunicación y mass media… la más importante y eficaz de todas es darse cuenta y empezar a cambiar nuestros propios hábitos (a la hora de valorarnos y valorar a las demás mujeres). Si todos ponemos de nuestra parte  esto avanzará.

Entrevista escrita por Maria Morgade, Estudiante de Derecho Universidad de A Coruña

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