Vetusta Morla grita: “es hora de volver a empezar”

Un terremoto no es más que un movimiento de placas. Puede provocar más o menos destrozos dependiendo de su intensidad y de lo profundo que se encuentre su epicentro y también puede llevarse varias vidas humanas consigo. Un terremoto también es una sensación de sacudida que pueden provocar diferentes elementos. Un grupo de rock increíble […]

Un terremoto no es más que un movimiento de placas. Puede provocar más o menos destrozos dependiendo de su intensidad y de lo profundo que se encuentre su epicentro y también puede llevarse varias vidas humanas consigo.

Un terremoto también es una sensación de sacudida que pueden provocar diferentes elementos. Un grupo de rock increíble puede causar un terremoto si se fusiona con una orquesta sinfónica, más aún, si estos elementos a su vez chocan, explotan y se mezclan con un público dispuesto a darlo todo por una buena causa.

Vetusta Morla llenó con una idea similar a esta el auditorio Víctor Villegas de la ciudad de Murcia los pasados 31 de mayo y 1 de junio de la mano de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. El fin no era otro que intentar recordar lo que pasó en una tierra como la mía, en Lorca, hace ya un año y casi un mes. Además, todos los fondos recaudados serían destinados a la reconstrucción de nuestro conservatorio de música Narciso Yepes.

 

La mezcla no pudo ser mejor. Los arreglos preparados durante meses por más de una decena de profesionales para toda una orquesta hicieron que el proyecto no pudiese acercarse más a la fecha del suceso, pero sin lugar a dudas valió la pena. La ejecución más que ensayada y coordinada por el director de la orquesta, José Miguel Rodilla, tampoco dejó nada que desear. Y el papel de los chicos de Vetusta, por supuesto, mucho menos. Se documentaron bien acerca de lo ocurrido, prepararon sus deberes como la circunstancia exigía y no lo dudaron cuando, cinco días antes, se pusieron en marcha hacia Lorca para descubrir cómo seguían las cosas por la ciudad levantina.

 

Es difícil explicar lo que sentimos esa noche los que estábamos allí sentados. Algunos decían por Twitter que quien debiese escribir la crónica lo iba a tener complicado y tenían razón. Intentémoslo: imaginen ganas de que algo no acabe sumado a explosiones de colores que se originan en más de cien instrumentos sonando al mismo tiempo. Imaginen una voz y una batuta que se hacen guiños para que todo siga el compás, un público entregado y dejándose la voz para sonar en cada coro y una atmósfera que sólo se desvanece un buen rato después del concierto.

Imaginen que con lo que unos tipos son capaces de cantar alguien se acuerda de que en una ciudad al sur de España siguen casas por el suelo, familias sin hogar y lugares públicos hechos pedazos. Imaginen dos institutos, varios centros de salud que se esfumaron de su lugar, iglesias y otros edificios históricos desaparecidos. Imaginen por un segundo que se trata de su ciudad la que hace un año aparecía en las noticias antes de que comenzase el 15M. Traten de imaginar que, trece meses después, nadie se acuerda. Nadie menos unos tipos que fueron capaces de encantar al mundo con su “Otro día en el Mundo” y que son capaces de hacer que nos demos cuenta de que en Lorca, por fin, “es hora de volver a empezar”.

 

Escribe: Chémi Pérez

Fotografía: Su hermana pequeña pero no por ello menos grande, Lorena Pérez Alcázar

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