Un rey en nuestros tiempos

La monarquía española vive uno de sus momentos más críticos en los últimos años. Cacerías de elefantes en tiempos de crisis, yernos con una mano supuestamente más larga de lo normal, escopetas en manos de niños y los achaques de la edad de un monarca al que es habitual ver con muletas en los medios […]

La monarquía española vive uno de sus momentos más críticos en los últimos años.

Golpe de Estado 23-F, 1981. Congreso de los Diputados.

Cacerías de elefantes en tiempos de crisis, yernos con una mano supuestamente más larga de lo normal, escopetas en manos de niños y los achaques de la edad de un monarca al que es habitual ver con muletas en los medios de comunicación, son la mezcla perfecta de ingredientes para crear un cóctel con un sabor diferente en cada boca.

Para algunos, la solución está en que el rey Juan Carlos de Borbón ceda el trono a su hijo, el príncipe Felipe, quien goza de una mayor aceptación entre la ciudadanía según las encuestas (aunque no la del Centro de Investigaciones Sociológicas, que lleva sin preguntar por la Casa Real desde que ésta suspendió con un 4,8 en 2011). Esta solución podría mejorar previsiblemente la imagen de la Corona en España, pero sería objeto de un profundo debate en la sociedad, siempre que los medios de comunicación lo permitieran, claro está.

La figura del rey en España está medianamente justificada para todos aquellos que vivieron la transición y el intento de golpe de Estado en el año 1981, pero para los que no han vivido estos acontecimientos, la justificación resulta un poco difícil.

Si se mira atrás hay que remontarse al fallido golpe de Estado de 1981 para encontrar una situación en la que la actuación del monarca haya sido decisiva y acertada para la democracia española, ha pasado demasiado tiempo desde entonces.

Debido a la actual situación de crisis económica, muchos españoles se preguntan si es necesario seguir gastando ocho millones de euros al año en una monarquía cuyo único papel parece ser el de representar al país en el exterior. Quizá sería mejor designar para ello a autores de libros premiados, a científicos que hayan desarrollado grandes avances (que los hay en España), o incluso a deportistas y músicos.

En cualquier caso, parece que la solución no está en ignorar el problema, sino en afrontarlo y tener en cuenta las opiniones de todos, porque si la democracia española se hubiera creado ayer, ¿habríamos designado un rey en nuestros tiempos?

Miguel Ángel Piedra Fernández, estudiante de Periodismo y Economía en la Universidad Rey Juan Carlos

Twitter: @pirawe

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