Tú puedes ser pobre

Tú puedes ser un nuevo pobre. Levantarte tal día como hoy, perder tu trabajo y no disponer de más ayuda que la que tú mismo puedas conseguir. Esto pasa todos los días en los diferentes lugares de nuestro país. El preocupante perfil que está adquiriendo la pobreza en España nos enseña que las cosas han cambiado por aquí. Los rostros habituales de África o América Latina dejan paso a los de una niña, un padre o una anciana vecinos nuestros. La crisis financiera y social que actualmente atraviesa España y de la cual no va a salir en mucho tiempo, ha hecho que comedores sociales y albergues se vean ocupados por personas que, años atrás, disfrutaban de un nivel de vida satisfactorio. Se trata de familias en las que todos sus miembros han perdido su trabajo y que ahora tienen que decidir si pagar la hipoteca o comer.  El “¿qué dirán?” resulta el principal prejuicio para las víctimas que ya forman parte del grupo de los nuevos pobres de España.

El nuevo perfil de la pobreza en España.

Estar preocupados, nerviosos, desolados e inquietos. Tener recuerdos preciosos de una vida que cada día parece menos real. En España pasa. Los albergues y los comedores sociales se han visto desbordados en el último año. El desempleo ha provocado que estas instalaciones sean partícipes de un nuevo hecho: el perfil de los pobres ha cambiado. Disminuye el número de inmigrantes al tiempo que aumenta el de hombres españoles de mediana edad y que han perdido su puesto de trabajo. Y con ellos llegan los niños.

Aunque a la sociedad española le resulte difícil de creer, uno de cada cuatro niños está bajo el umbral de la pobreza en nuestro país, lo que quiere decir que un total de 2.267.000 niños viven por debajo de dicho umbral, 80.000 más que hace un año, debido al impacto de la crisis económica. Cambios que han hecho que la tasa de pobreza se sitúe en España en el 21,8%. Según el informe de Exclusión y Desarrollo Social en España esta tasa se convierte en una de las más elevadas de la Unión Europea. La clase media está desapareciendo, los pobres son ahora más pobres.

Se trata de una pobreza más intensa, más crónica, que convierte a nuestra sociedad en más polarizada entre los que tienen más y los que tienen menos. Y no solo hablamos de aquellos que no tienen dónde dormir ni qué comer, sino también del preocupante caso de los “trabajadores pobres”, es decir de personas que, aunque tiene empleo, están por debajo del umbral de la pobreza. En España, hay 940.000 personas en esa situación.

En el Centro de Día de Santiago de Compostela, las trabajadoras perciben este asombroso cambio. “Hay gente con estudios, gente con la que se puede tener una conversación sobre cualquier cosa. Hay gente que ha viajado, que ha conocido mundo… Gente que no puede trabajar, a lo mejor, por culpa de una minusvalía y que tras coger un trabajo la han perdido y que ahora se ven con dos niños y sin dinero para darles la vida que les gustaría o, simplemente, una vida”.

En cada rincón de España

Las grandes ciudades son testigos de este fenómeno, aunque también aquellas más pequeñas y con menos habitantes. Los comedores sociales y los albergues de las mismas han experimentado un aumento de personas que acuden en busca de ayuda, haciendo que estos centros estén al cien por cien de su capacidad.

Algunos de los Ayuntamientos de estas ciudades, como el de Santiago de Compostela, ha tenido que aumentar su presupuesto destinado a las ayudas a servicios sociales, de hecho, lo ha duplicado, ante la situación de crisis, según afirmaba la concejala Paula Prado, que también señalaba que los usuarios de estos servicios han aumentado en un 40%. Gente que había sido usuaria, dejó de serlo y ahora vuelve. Y también nuevos pobres, en muchos casos, familias jóvenes”.

En Madrid, ocurre algo parecido. En el comedor Ave María, situado en pleno centro de la ciudad, las plazas han aumentado de 340 a 360, según asegura su responsable, Paulino Alonso, que apunta que a pesar de eso, cada día cerca de treinta personas se quedan en la calle sin poder entrar.

“Ha aumentado notablemente el número de hombres españoles que acuden al comedor y suelen tener entre cuarenta y cincuenta años. Se nota que han tenido un trabajo hasta hace poco y que se han quedado sin recursos”, explica Alonso.

La situación se repite en Barcelona. Su Ayuntamiento ha tenido que aumentar el año pasado el 69% de su presupuesto para comedores sociales debido a la escalofriante cifra de que uno de cada cinco catalanes vive por debajo del umbral de la pobreza.

En la capital catalana actualmente hay catorce comedores sociales de titularidad pública, al margen de los comedores de instituciones privadas, y el Ayuntamiento prevé abrir tres más y aumentar así las plazas de las 1.106 actuales a 1.541. Cada mes, los comedores sociales públicos reparten unas 31.100 comidas, un millar más que hace un año y casi 3.000 más que hace dos años.

Siguiendo con Valencia, el albergue de la Casa de Caridad, la organización benéfica más destacada de la ciudad con 70 plazas no hay día que no esté lleno. El perfil de las personas que lo ocupan son hombres españoles (el 57% frente al 43% de los inmigrantes) de entre 41 y 65 años, aunque los menores ya representan el 14% de los usuarios. Los trabajadores del albergue cuentan que desde el año 2008 ha incrementado un 88 por ciento las raciones repartidas.

Los hechos se repiten en otras ciudades como Sevilla, Logroño o Murcia. En todas ellas se ha llegado a una misma conclusión: existe un nuevo perfil de pobreza en nuestro país.

Los que lo sufren.

El Albergue Juan XXIII, en Santiago de Compostela, obra social solidaria de la Orden de los Hermanos Franciscanos, proporciona un lugar en el que durante un pequeño período de tiempo, pasar la noche, tener servicios de higiene, ropa, y una acogida cálida y sincera. Allí encontramos rostros con poca esperanza, aunque lo peor de todo es la vergüenza que sufren a diario.

Entre ellos, se encuentra un joven dispuesto a explicar su situación. Tras haber estado en Madrid y verse obligado a regresar a Galicia, comenta que vive como puede gracias a la solidaridad de sus amigos. “No puedes vivir eternamente en una casa de unos amigos. Cuando no queda otra que venir al albergue vienes y si toca dormir en la calle, duermes en la calle”. A pesar de estar siempre de mal humor, cuenta, y coger numerosas enfermedades debido a las noches sin techo sorprende que para él su mayor problema sea el hecho de no tener un trabajo, “estás en el albergue unos días y luego te echan. Lo que necesito no son ayudar para comer o dormir, sino ayudas laborales”.

La nueva solidaridad.

Cáritas, la nueva solidaridad.

Muchas veces se piensa que con un sitio para dormir y tres comidas al día ya se ha hecho más que suficiente. Resulta una grandísima ayuda, por supuesto. Pero existe otro problema social y es la pérdida de sonrisas. En situaciones así, muchas veces es de agradecer encontrar centros y personas que proporcionen alguna que otra alegría, sobre todo cuando se tratada de los más pequeños.

Cursos de manualidades, talleres de malabares, clases de guitarra, lecciones de inglés…son algunos de los recursos utilizados por el Centro de Día de la ciudad compostelana. “Lo que tenemos en el centro es que les ofrecemos un entretenimiento. Muchos de ellos solo quieren que el día se termine, incluso recurren a la bebida. Así les ayudamos en otro sentido”, manifiesta una de las trabajadoras.

En Cáritas, por ejemplo, han querido enviar un mensaje a la sociedad. Alejandro Toledo es un prestigioso publicista que ha trabajado para marcas como Renfe, Marlboro, Acciona o Mercedes, y artistas como Alejandro Sanz. Sin embargo, en esta ocasión ha decidido poner  su talento a disposición de Cáritas, con la grabación de un vídeo en el que denuncia que la pobreza es algo mucho más cercano de lo que creemos y que nos puede afectar a cualquiera. Tanto es así que la idea de realizar este vídeo surgió tras ver a un ex compañero de trabajo que, debido a la mala situación económica que atraviesa nuestro país, tuvo que acudir a la ayuda de Cáritas con su hija para poder comer.

El sentimiento está en la calle. La sociedad cada vez es más consciente y ya se sabe, con la tragedia también llega lo sorprendente, la bondad y las ganas de ayudar.

Y la Ley… ¿protege a los nuevos pobres?

Nuevo perfil de pobreza en España

Para hacer frente a las situaciones individuales de necesidad existen dos tipos de resortes legales: las prestaciones por desempleo, a cargo del Estado, y el sistema de asistencia social, a cargo de las Comunidades autónomas y de los Ayuntamientos.

Sin embargo, se produce la paradoja de que, en situaciones de crisis como la actual, cuando aumenta el número de personas a las que hay que atender, el sistema tiene menos capacidad para asumir nuevos demandantes de ayuda, porque también merman los recursos financieros públicos.

La crisis de la economía privada reduce los ingresos que recibe el sector público a través de los impuestos y de las cotizaciones sociales. Además, una peculiaridad de esta crisis es que el recurso al crédito se ha cerrado igualmente por los problemas del mercado de la deuda pública. Con todo esto rondando, la Ley difícilmente puede ofrecer garantías. Por ello y como explica Luís Míguez, profesor de Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela, “lo que se está haciendo para intentar salir de esta crisis es flexibilizar la regulación del mercado laboral, con el fin de que los empresarios se animen a contratar a más gente y no se vean disuadidos por la obligación legal de pagar salarios e indemnización por despido demasiado altas para la situación económica en que vivimos”.

En cuanto a las ejecuciones hipotecarias que acaban con la pérdida de la vivienda, se están estudiando dos vías: la dación en pago, que permitiría cancelar la deuda con el banco entregando el piso, sea cual sea su valor de tasación actual, y la suspensión del pago de los créditos hipotecarios durante un período de tiempo para las personas más vulnerables, junto con la renegociación de los términos del préstamo.

Una vez agotadas las fórmulas de protección que ofrecen las Administraciones públicas (prestación por desempleo, otras prestaciones y ayudas sociales), no queda otra salida que la ayuda familiar o acudir a entidades benéficas privadas.

La gente tiene que recurrir a comedores sociales y albergues para poder llevar su día a día a la hora de comer, ducharse, dormir, etc. a pesar de poder seguir manteniendo un empleo o una casa.

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