Sigur Rós y el ruido sempiterno

La primera jornada del festival Dcode 2012 dejó muy buenas sensaciones. Una vez olvidado el alto precio de las entradas de día, y tras las obligadas cañas en la cafetería de una facultad, llegamos a un recinto verde, rodeado de árboles, con una asistencia de público que, todavía modesta, se agolpaba en las sombras. Y […]

La primera jornada del festival Dcode 2012 dejó muy buenas sensaciones. Una vez olvidado el alto precio de las entradas de día, y tras las obligadas cañas en la cafetería de una facultad, llegamos a un recinto verde, rodeado de árboles, con una asistencia de público que, todavía modesta, se agolpaba en las sombras. Y la tarde fue pasando, hasta llegar a lo que muchos esperábamos.

Tras años admirando a Sigur Rós, ya esperaba algo especial. Aunque la mayoría de los fans allí presentes habríamos preferido verles en solitario, en una buena sala o teatro, es evidente que los islandeses están cómodos en los grandes espacios. Con su propio equipo de iluminación, proyecciones y procesado de vídeo en directo, lograron convertir el escenario aparentemente frío y genérico de un festival en un espectáculo audiovisual totalmente personalizado.

Pero lo cierto es que todo este despliegue pasa a un segundo plano en cuanto se escuchan las primeras notas. No es un espectáculo basado en luces y vídeo, éstos son solamente un mero vehículo para llevarnos al ambiente que Sigur Rós quiere en sus conciertos. Desgraciadamente, durante los primeros minutos, no dejaba de escucharse el eterno murmullo al que estamos acostumbrados pero, poco a poco, las ondas sonoras consiguieron rodearnos. Los islandeses llegaron a lograr algo insólito en mi experiencia: un profundo silencio que dejaba escuchar cada detalle, incluso en los pasajes instrumentales más suaves.

402631 432732686762056 2089970320 n

Porque, detalles, había miles. Si bien se echó en falta la presencia de Kjartan Sveinsson, parte muy importante de la banda, las secciones de cuerda y viento ayudaron a que no quedara en el tintero ni un ápice de la riqueza musical de la que goza Sigur Rós en estudio. No podemos, tampoco, olvidar la impresionante labor que realizaron Orri Páll Dýrason y Georg Hólm en batería y bajo, respectivamente, proporcionando una solidez rítmica de matrícula de honor, más aún siendo conscientes de la dificultad añadida que supone el tempo tan lento de la mayoría de las canciones.

Mientras tanto, ahí estaba Jónsi, tan tímido e impecable como siempre, dando voz al conjunto. Resulta impresionante ver su capacidad de transmitir, de generar sentimientos en los demás, con letras en un idioma que apenas nadie entiende, ya sea por ser poco hablado en estos lugares, o por haber sido directamente inventado. Impresionante, también a la guitarra -un poco ruidosa en momentos muy puntuales-, obteniendo, con arco de cello y toneladas de efectos, otra de las partes únicas e inimitables del sonido de Sigur Rós. Aún siendo hombre de pocas palabras, tiene algo que hace que parezca, en cualquier caso, encantador.

Noventa minutos, que perfectamente parecieron veinte, de canciones antiguas y nuevas del grupo, ante los cuales los absortos espectadores que supieron que merecía la pena quedarse y callar para ver y escuchar esas canciones largas que se convierten en historias que, con constantes cambios de intesidad y armonías casi oníricas, hacen desear que esos segundos se alarguen y pasen a durar siempre. En efecto, fue especial. Y espero que, si bien el concierto terminó, el recuerdo perdure.

Sigur Rós Setlist dcode Festival 2012 2012, Valtari Tour

 
 

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimos vídeos

¿Quieres ser parte de nuestro equipo?

Pincha en la imagen para ir a la página de colaboradores:

página de colaboradores