¿¡Rugby!? ¿Yo? ¡Ni loca!

Cualquier chica te respondería de primeras que “ni loca” jugaría al rugby. Si insistes un poco y le cuentas lo divertido que es este deporte, lo bien que te lo pasas placando en el barro o de lo orgullosa que te sientes de haber frenado a la enemiga y con eso haber evitado un ensayo de las contrarias, quizás le acabes convenciendo. Pero si aún no cede, siempre le puedes hablar de las maravillas del tercer tiempo o de la cantidad de amigas y amigos que haces asistiendo como público a un partido de rugby.

Las reglas pueden parecer al principio un poco confusas, y sin duda es un juego complejo, pero para tener nociones del funcionamiento del juego y poder echar un partido, lo único que hace falta es tener toneladas de entusiasmo y juego en equipo.

Existen varios tipos de rugby, dependiendo del número de jugadores que jueguen. En rugby femenino, el número de jugadoras en la liga federada es de 15 mientras que en la liga universitaria se juega a 13 jugadoras. También existe la variedad de rugby 11 y 7 (‘seven’).

Básicamente existen dos prototipos de jugadoras que constituyen la ‘delantera’ y la ‘línea’. Tanto línea como delantera tratarán de hacer un ‘ensayo’ (el análogo del ‘gol’ del fútbol) en el campo de las contrarias. Para ello tendrán que sobrepasar el muro de la defensa enemiga y esto sólo puede hacerse mediante el juego en equipo. En rugby, no hay Cristianos Ronaldos. Cuando se planta el balón en la zona de ensayo contraria, es todo el equipo el que ha ensayado y no hay pichichis ni estrellas de la liga. Es un deporte verdaderamente de equipo y solidario. En el campo, se sufre mucho, pero las alegrías también son grandes, y si no compensara no existirían las ligas y equipos que existen hoy en día en todo el mundo.

En el rugby lo legal es placar, es la obligación de cualquier rugbier: evitar de forma limpia que el contrario encuentre un hueco por el que ensayar. Cuando se consigue el balón, son muchas las estrategias posibles pero la más habitual es dársela a las delanteras (suelen ser las personas más grandes y fuertes del equipo) que buscan el contacto con las contrarias para lograr aglomerarlas y, por así decirlo, entretenerlas en ‘rucks’ y ‘mauls’ -formaciones grupales de lucha por la pelota-, y que no lleguen a defender el balón que, mientras ellas limpiaban el ruck ha llegado a las veloces jugadoras de la línea que se disponen a ensayar. Cada ensayo vale 5 puntos y tras el ensayo, se te da la oportunidad de transformar el ensayo con una patada a palos (los clásicos palos blancos en forma de ‘H’). Si el balón pateado atraviesa la parte de arriba de la ‘H’ se conceden otros 2 puntos al equipo que ensayó.

A la nobleza de este deporte hay que añadir el respeto que se predica en todo el campo por el árbitro (al que es obligatorio llamarle ‘señor’ y al cuál sólo las capitanas de ambos equipos pueden dirigirse) y por el contrario, con el que después se celebra un ‘tercer tiempo’ en el bar más cercano.

Cualquier persona puede jugar al rugby. De hecho se precisan chicas de todas las morfologías posibles. Tanto da que seas baja y delgada como grande y fuerte. ¡Cualquier persona con ganas de diversión y compromiso es bienvenido al rugby!

En nuestra Comunidad de Madrid se conocen un total de 28 equipos femeninos de rugby entre equipos federados en la Liga Madrileña, Universitaria y de Colegios Mayores. La experiencia es altamente recomendable y el hecho sólo de probarlo no deja a nadie indiferente.

Para futuras rugbiers, más información:

Si eres universitaria, infórmate en tu facultad que seguro que tienen equipo o tienen contactos con clubs deportivos de otras facultades que sí que lo tienen.

http://www.ferugby.com/index_n.php

Encontrarás información muy detallada sobre rugby femenino en las siguientes páginas web y grupos de Facebook:

http://www.facebook.com/unchicanunca?sk=info

http://es-es.facebook.com/unchicanunca

http://www.facebook.com/groups/153708941362345/

http://www.facebook.com/groups/76978196548/

 

Texto de Loreto Ros, estudiante de Biología de la Universidad Complutense de Madrid.

Fotos de Sara Domínguez, estudiante de BIología de la Universidad Complutense de Madrid

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