Rodando: David Fincher sí ama a Lisbeth Salander

David Fincher firma la nueva adaptación -no, no es un remake- del best seller de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, y, aunque las comparaciones nunca son buenas, queda claro que sí, que es mejor que la sueca. A continuación, los porqués. A pesar de que la historia acaba de ser […]

David Fincher firma la nueva adaptación -no, no es un remake- del best seller de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, y, aunque las comparaciones nunca son buenas, queda claro que sí, que es mejor que la sueca. A continuación, los porqués.

A pesar de que la historia acaba de ser llevada a la gran pantalla -y a la pequeña- es difícil que un trabajo del director de Seven, El Club de la Lucha, y La Red Social, no despierte el interés de los cinéfilos, y merezca como mínimo una oportunidad. Y aunque lo cierto es que la cinta no se encuentra entre lo mejor del realizador, Fincher ha sido capaz de dejar en ella su sello desde los brillantes e impactantes títulos de crédito, con un resultado más que notable.

La historia es la de siempre: El periodista Mikael Blomkvist, tras perder una demanda por difamación, acepta la oferta de Henrik Vanger para investigar la desaparición de su sobrina, que tuvo lugar hace más de cuarenta años, sumergiéndose así en una familia llena de secretos, y con más de un esqueleto en el armario. Para todo esto le acompaña la hacker Lisbeth Salander, una joven asocial que, como ya ocurría en el libro, se revela como lo más interesante de una historia que por lo demás poco tiene de especial.

Fincher dibuja mejor a Salander de lo que lo hacía la versión sueca, y Rooney Mara consigue darle la vulnerabilidad y fragilidad necesarias, realizando una sobresaliente actuación, que le ha valido una muy merecida nominación al Oscar. Se nota que está completamente inmersa en el papel e involucrada con el personaje, y vistas sus últimas apariciones públicas parece que no ha sido capaz de desprenderse del todo de él.

Fincher no huye en absoluto de la dureza y turbiedad de la novela, y, como es habitual en él, rueda con especial efectividad, y fascinación mórbida, la violencia. El resultado es una adaptación todavía más ajustada a la obra original que su predecesora (a excepción de un pequeño cambio en el final, y el dar a conocer algún dato que corresponde al segundo libro), dando así lugar a una película oscura, fría, adulta y enfermiza, que nos hará sentirnos de muchas formas excepto bien.

 

Texto de María Morgade, estudiante de Derecho en la Universidad de La Coruña

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