Repsol, YPF y la falta de diplomacia

La expropiación del 51% de la filial de Repsol por parte del Gobierno argentino ha generado una ola de protestas gubernamentales desde España. El gobierno quiere demostrar que defenderá a las empresas españolas en el exterior y, de paso, se le brinda la oportunidad de mejorar su imagen a nivel interno; sin embargo y dejando […]

La expropiación del 51% de la filial de Repsol por parte del Gobierno argentino ha generado una ola de protestas gubernamentales desde España. El gobierno quiere demostrar que defenderá a las empresas españolas en el exterior y, de paso, se le brinda la oportunidad de mejorar su imagen a nivel interno; sin embargo y dejando de lado el orgullo patrio cabría preguntarse hasta que punto Repsol, empresa española propietaria de YPF en algo más del 56%, tiene derecho a controlar a su antojo las reservas de un país soberano.

Cuando en 1999 Repsol compra YPF (hasta entonces pública) , la petrolera española se compromete a darle al gobierno argentino la posibilidad de vetar cualquier decisión, además de mantener el 17% de las acciones de la argentina; de este modo España entra en el mercado mundial del petróleo, convirtiéndose Repsol en buque insignia del progreso y auge de las empresas españolas en Iberoamérica.

Apenas una década mas tarde el Gobierno argentino ha tomado una decisión controvertida que, sin embargo, es más habitual de lo que debería. España teme, y con razón, que pueda no tratarse de un caso aislado -hay  que indicar que de las diez principales empresas de Argentina nueve son de capital español- y por tanto prefiere lanzar los trastos por lo que pudiera pasar; pero por otra parte parece lógico que un país como Argentina  se niege a tener que importar petróleo teniendo algunas de las mayores reservas del mundo.

Preguntarse si es buena o mala la decisión de Argentina supone algo irónico; España sigue en parte copando el mercado latinoamericano y alude a las relaciones fraternales según le interesa; pero no es menos cierto que las formas del país “hermano” resultan, cuanto menos, reprochables dada su condición. No hay amistad de Mercado, solo de palabra. A Argentina le puede salir caro el despropósito, esperemos que no; al fin y al cabo la “familia” es, ante todo, lo mas importante, y España se juega mucho en esta disputa; solo cabe moderación y dialogo por ambas partes.

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