Regeneración

  Fue en 2008 cuando nuestra historia, nuestro concepto del mundo y nuestras vidas cambiaron para siempre; la crisis se extendía por el planeta como una nube imparable que, aún no sabíamos, oscurecería nuestros días por mucho tiempo. Mientras que durante años nuestros padres fueron incapaces de ver lo que estaba pasando, hoy parece evidente […]

 

Fue en 2008 cuando nuestra historia, nuestro concepto del mundo y nuestras vidas cambiaron para siempre; la crisis se extendía por el planeta como una nube imparable que, aún no sabíamos, oscurecería nuestros días por mucho tiempo.

Mientras que durante años nuestros padres fueron incapaces de ver lo que estaba pasando, hoy parece evidente que no todo fue tan pulcro y perfecto como muchos se empeñan en repetir una y otra vez. Porque si estamos aquí hoy una cosa parece clara: no es por culpa de las futuras generaciones.

No hemos aprendido nada.

Por qué claman ahora aquellos que durante décadas votaron a corruptos; por qué fueron incapaces de parar una burbuja que impedirá, si nadie pone remedio, que sus propios hijos puedan tener casa; por qué todos fueron cómplices y sobre todo, por qué ahora muchos lo siguen siendo, afirmando que se trata de una crisis más sin importancia. Pero no lo es, y lo saben; España sufre una crisis mucho más grave que la meramente económica; se trata de una crisis que viene de lejos y que es precisamente ahora el momento de solventar: nuestro país se hunde en la desidia de políticos que representan a una sociedad atrasada y falta de valores. Habremos cambiado mucho, pero no hemos aprendido nada.

Quizás pueda parecer excesivo e injusto culpar a todos por igual, por haber vivido una prosperidad en la que nadie -a excepción de unos pocos- quiso cuestionarse el hecho de que las viviendas subieran a un ritmo imparable o nuestra economía creciera por encima del 3% a base de préstamos; sin embargo, y pese a lo injusto que pueda parecer culpar a toda una generación -esa misma que hoy nos sigue gobernando-, más injusto es que seamos las futuras generaciones quienes tengamos que cargar con deudas, recortes y jubilaciones que marcarán nuestras vidas.

Sus reformas y sus recortes.

Ellos aceptaron que les compraran con créditos; sus pensamientos y críticas fueron silenciados con ese flashback constante de la Transición; ellos se permiten dar lecciones de ética a sus hijos mientras defraudar a Hacienda fue durante décadas –y parece sigue siendo- algo cotidiano; ellos que cambiaron de coche cada lustro o que disfrutaban viendo cómo se recalificaban año tras año terrenos que no valían -ni valdrán nunca- nada. Ellos hoy nos dicen que debemos aceptar la crisis como algo inevitable, y las reformas y recortes, -sus reformas y sus recortes- como lo único que nos permitirá salir de ella. ¿Quiénes son ellos para decirnos lo que tenemos que hacer?

Si la Historia juzga, y lo hará, recordará a esa generación como la de la vergüenza, o de la desvergüenza, por haber permitido sin rechistar que en 30 años una democracia (esa que tanto defienden) se haya hecho ya insostenible, pero también por haber dejado impunes a diputados, alcaldes, amigos, cuñados y hermanos en una orgía corrupta que, pese a lo que nos quieran contar, no se daba solo en la política.

Perdieron sus valores y olvidaron los fundamentos de sus predecesores -aquellos, ahora sí, de la Transición-; en este país pocos vivieron por encima de sus posibilidades, y muchos por debajo de sus principios y su moral.

Banqueros, empresarios, funcionarios, políticos o ingenieros, panaderos o letrados, abogados o bomberos, dejen ya paso al futuro, a esa juventud regeneradora que, -se empeñan en decir- no está preparada ni capacitada; la cuestión es: ¿lo estaban ustedes? Regeneración.

Inspirado en la canción “Thank you – MKTO”

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