Rafael Calduch: “El corresponsal de guerra sabe que el título de Press no es garantía de inmunidad”

Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales de la UCM, analiza las revueltas que se están produciendo en el Magreb y Oriente Próximo e intenta explicar el porqué de esta ola de cambio en el mundo islámico.

P: 2011 parece ser el año de las revueltas: Egipto, Túnez, Libia, Yemen, Siria, Arabia Saudí… ¿Qué está pasando en Oriente Medio?

R.C: Están concurriendo tres acontecimientos o fenómenos. Por un lado, la crisis económica está golpeando mucho a las clases medias urbanas de estos países que no tienen un Estado de Bienestar que cubra las necesidades básicas de las personas. Por lo tanto, los efectos de la crisis económica han llevado a un empobrecimiento  y también a una búsqueda de cambios en el Estado que permitan una mejor redistribución de la riqueza. En segundo lugar, se está produciendo un relevo generacional porque  los regímenes establecidos hace más de 30 años ya no responden a las expectativas de unas juventudes que querían relevar en el  poder a los gobernantes y que se encontraban con  la ausencia de una democracia que también impedía ese relevo. Y una tercera causa es el fracaso de las expectativas que había generado el islamismo radical. El discurso islamista radical que movilizó desde mediados de los 90 a amplios sectores de la juventud ha quedado desacreditado. Ya no lo ven como una alternativa para sacarles de sus ínfimas condiciones socioeconómicas.

¿No puede haber influido también Internet y otros medios de comunicación en estos jóvenes para que haya despertado en ellos este deseo de cambio?

Sí efectivamente, han influido para movilizar pero no para crear las causas y las motivaciones de esa movilización. Se pone en énfasis Internet, pero mucho más importantes han sido los móviles como elemento de comunicación colectiva para  agilizar esta movilización en la sociedad. En Yemen la penetración de Internet no sé si llega al 5% de la población, por lo que no ha podido ser el instrumento de movilización. Otro instrumento ha sido Al Jazeera, mostrando las imágenes de cómo era factible hacer la rebelión y contribuir a cambiar las cosas. Mostrando que en Túnez se cambió la situación provocó el cambio en Egipto, que a su vez sirvió para Yemen, para Siria, para Libia, para Jordania, para Bahrein… Cuando ves que el país vecino lo consigue, te planteas: ¿por qué yo  no?

Túnez fue la chispa que encendió la mecha que se propagó posteriormente a otros países hasta llegar a la situación actual. ¿Cree que algunos países que aún no lo han intentado, incluso en otras zonas del mundo, podrían sumarse a estos procesos de revolución y transformación de los gobiernos?

Por el momento yo solo los veo en el mundo árabe. Probablemente en otros momentos surgirán también procesos de cambio en el área de Asia y el Pacífico, pero allí van a ser mucho más problemáticos. Lo que está ocurriendo en el mundo árabe, viene provocado por las diferencias culturales. Una situación que no se provoca en otros países aunque posean regímenes autocráticos como sucede en la India o China.  Y seguramente  cuando allí suceda no servirá la experiencia de los países árabes como referente.

¿Qué opinión le merece la intervención española en la guerra de Libia? ¿Cree que podríamos compararla, como están haciendo algunos partidos políticos, con Irak?

 Desde el punto de vista estrictamente jurídico y militar, no. Hay una diferencia muy clara y es que en Irak no había un mandato expreso, aunque es muy discutible que no hubiese un mandato implícito en la resolución que autorizaba la entrada de inspectores internacionales. Y desde el punto de vista militar tampoco, porque en el caso de Irak la intervención internacional o, para ser precisos, angloamericana, fue una intervención aérea y terrestre mientras que en este caso es solamente aérea y de momento está excluida la intervención por tierra.

¿Qué ha sucedido en la opinión pública para que en el caso de la guerra de Irak hubiese una oposición tan grande al envío de tropas al conflicto y en esta ocasión no?

Existía una diferencia objetiva. En el caso de Irak no sabíamos si había armas de destrucción masiva o no, por eso se envió a los inspectores. Y aquí sí sabíamos que las tropas de Gadafi estaban atacando directamente a la población civil. En el primer caso había un hecho incierto y en este un hecho cierto y seguro, y si no se ponía límite podía ir a más y cada vez más población civil sufriría las consecuencias de la no intervención. Por lo tanto, había una diferencia elemental respecto a cómo la opinión pública veía la necesidad o no de intervenir en cada uno de los dos casos.

 ¿Cuál está siendo el papel de la Unión Europea en todos estos procesos?

 El papel de la Unión Europea está siendo clave. Por ejemplo en el bloqueo de los fondos financieros de entidades y personas del régimen de Gadafi, o en el embargo de armas al régimen. Y ya ha sido clave antes, lo está siendo ahora y lo será todavía más el día que concluyan las hostilidades, en cuanto a ayuda humanitaria. De las decenas de miles de ciudadanos extranjeros que trabajaban en Libia y que salieron cuando empezó la guerra civil, buena parte  ya han sido repatriados gracias a la intervención de los países de la Unión Europea. Concretamente España arbitró un puente aéreo para repatriar a miles de trabajadores egipcios. Y en este momento los corredores humanitarios que se han creado están siendo suministrados por Naciones Unidas y por la Unión Europea. Desde el punto de vista militar el papel no es de la UE sino de algunas potencias. Francia y Reino Unido han sido los verdaderos motores diplomáticos y militares de la intervención.

¿Cuál podría ser la repercusión futura de esta serie de cambios en el mundo árabe en Europa y el resto del mundo?

La repercusión a muy corto plazo va a ser, y ya lo está siendo, de un desconcierto total. No sabemos qué tenemos que hacer y cómo tenemos que relacionarnos con estos países, entre otras cosas porque los propios responsables y dirigentes de estos países están todavía por determinar y no existen interlocutores claros a los que referirnos. A medio plazo creo que, donde se consoliden estos cambios de régimen, va a generar una redefinición de las relaciones políticas, diplomáticas y comerciales, más acorde con los intereses reales de las sociedades de sus países. Y eso pasa por unas relaciones económicas y financieras más justas y equitativas, por unas relaciones diplomáticas que recuperen y valoren más temas como el de los derechos humanos, y por unas relaciones políticas que no se lleven a cabo sólo en función de las relaciones personales sino también de la representación institucional que exista en cada uno de esos países. Pero eso todavía llevará meses, si no años.

En cuanto a la cobertura informativa de este tipo de conflictos, ¿nos llega suficiente información?

No, ni llega suficiente información, ni llega todo lo que pasa, ni llega la información correcta.

¿En qué situación se encuentra el periodismo en la guerra de Libia, teniendo en cuenta el control al que el régimen somete a los informadores?

Como en cualquier guerra. El corresponsal de guerra debe saber que en una guerra la psicología colectiva de los beligerantes es muy elemental, funciona con el criterio “amigo-enemigo”. El periodista, si no contribuye a la propaganda de una de las partes beligerantes, va a ser considerado por esa parte como enemigo y le van a tratar como tal: le van a disparar, le van a secuestrar, le van a torturar… harán lo que consideren conveniente para su causa militar. El corresponsal tiene que saber muy bien que cuando va a una guerra va a informar en unas condiciones de peligrosidad extrema y que ponerse el rótulo de Press no solamente no es garantía de inmunidad sino que además puede convertirlo en blanco de los ataques o, como en este caso, de los secuestros. Pero es que eso es una guerra. Los corresponsales experimentados lo saben y hacen su evaluación de riesgos en cada momento. Los neófitos lo pagan, a veces muy caro, porque se exponen más de lo estrictamente imprescindible sin que por ello pueda cambiar de manera cualitativa la información que pueden dar.

Así como Al Jazeera o los teléfonos móviles han influido en estas revoluciones, ¿podría suceder también al contrario? Es decir, ¿podrían estas revoluciones afectar de alguna manera a la estructura de los medios de comunicación?

Sí, eso ya ocurrió con la segunda Guerra del Golfo en 1991, que hizo aparecer lo que se llamó el “efecto CNN”. CNN ya existía como cadena de televisión que emitía informativos durante 24 horas, pero quien realmente la impulsó a nivel mundial fue la Guerra del Golfo del 91 porque fue la única cadena a la que se dejó emitir desde Bagdad por el régimen de Saddam Hussein, era la única fuente de información occidental. Al Jazeera se ha visto muy impulsada por la Guerra del Golfo del 2003 porque era la única cadena del mundo árabe con sistemas de rigor informativo occidental y siguiendo las pautas de la BBC, pero que era capaz de informar de las dos partes del conflicto. Desde entonces Al Jazeera se convirtió en un referente, para el mundo árabe y para el mundo occidental. Naturalmente, cabe esperar que las redes sociales se hayan visto impulsadas o se vean impulsadas en el futuro por fenómenos como las rebeliones que se están produciendo en el mundo árabe. Pero sobre todo con las que vendrán.

¿Cuál está siendo y cuál podría ser en el futuro el papel de estas redes sociales?

Yo creo que para los propios países afectados por las rebeliones es principalmente un papel de movilización. Sirven para poner en evidencia y compartir la información de lo que está ocurriendo, y facilita que se organicen y se movilicen los grupos. Y para los países que no están experimentando la rebelión es una forma de compartir información alternativa a los medios de comunicación de masas tradicionales. La información que estos no dan o dan muy sesgada se puede ver completada por las redes sociales, porque uno puede intercambiar información con jóvenes de esos países que están viviendo el proceso y que te dan unas imágenes y una información que los medios tradicionales normalmente no te dan. Es una labor de complementariedad informativa.

Entonces, para  finalizar nuestra entrevista, ¿podemos decir que las redes sociales podrían revolucionar la forma de tratar y trasmitir la información en este tipo de conflictos?

Ya lo están haciendo, pero no van a desplazar a los medios de comunicación tradicionales. Porque si algo demuestra la historia es que cada nuevo medio no viene a sustituir a los anteriores sino a añadirse a ellos. La radio no hizo desaparecer a los periódicos, la televisión hizo desaparecer a la radio y los periódicos, e Internet no ha hecho desaparecer a la radio, la televisión y los periódicos. Sólo con las redes sociales no se tendría la dimensión que le da a la información cada uno de los grandes medios de comunicación de masas, que no solamente dan información sino también análisis. Y eso es muy difícil de completar por las redes sociales.

Escucha toda la entrevista aquí.

Entrevista a Victoria García, estudiante de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid

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