Mucho más que un gesto

El gesto que el pasado jueves Manuel Chaves, expresidente de la Junta de Andalucía y uno de los principales miembros del PSOE, dedicó a sus propios compañeros de partido, deslegitima por completo su posición política como demócrata. Mientras se desalojaba  de la Cámara, entre gritos y exigencias de responsabilidad, a una veintena de afectados por […]

El socialista Chaves abronca a sus diputados por aplaudir a víctimas de las preferentes

El gesto que el pasado jueves Manuel Chaves, expresidente de la Junta de Andalucía y uno de los principales miembros del PSOE, dedicó a sus propios compañeros de partido, deslegitima por completo su posición política como demócrata.

Mientras se desalojaba  de la Cámara, entre gritos y exigencias de responsabilidad, a una veintena de afectados por las preferentes; algunos diputados de la oposición, incluido un puñado del PSOE, comenzaron a aplaudir a los “alborotadores”. Inmediatamente el señor Chaves se levantó para exigir a sus compañeros de partido que cesaran sus aplausos con un gesto de rabia e irritación.

El gesto  supone un giro más hacia la indecencia política y la desafección social; un ejemplo claro del espíritu democrático caduco de lo que algunos llaman “la vieja guardia”. Chaves pudo no estar de acuerdo con los gritos y airosos comentarios de los implicados, tampoco debía aplaudir si no lo consideraba oportuno; sin embargo, el hecho de levantarse a abroncar a sus compañeros, y las formas con que lo hizo, se demostraron democráticamente inaceptables.

Que sea Chaves quien dé lecciones en el PSOE no es sino la certeza de que algo falla en el sistema político español. Si no tuvo la decencia de renunciar a su cargo cuando se destapó el caso de los ERE en Andalucía (escándalo que se produjo durante su mandato), debería hacerlo ahora, porque ya pasó el tiempo de esa “vieja guardia” que con desvergüenza y a golpe de martillo sigue queriendo marcar el rumbo de la política española.

El juego democrático también consta de autocrítica y regeneración, y de eso poco saben los que, como Chaves, forman parte de esa guardia ya vieja, de museo y rancia, que en buena medida nos trajo hasta aquí. Aquellos que no entienden que sus actos, sus gestos, son mucho más que reacciones aisladas; son la evidencia de su desapego social y su lejanía respecto del servicio público. La democracia es hoy mucho más de lo que algunos pactaron tras la Transición, quien no quiera entenderlo, que se vaya.

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