La voz despierta

Voces de pueblos que gritan en silencio, voces adormecidas por años de censura, voces pobres que no saben que tienen voz, voces que callan corrupciones, voces protegidas bajo una corona, voces amparadas tras la cruz divina… Voces que en estos tiempos tiemblan al ver despertar aquellas que han tomado la fuerza que les ha dado […]
V de Vendetta

Voces de pueblos que gritan en silencio, voces adormecidas por años de censura, voces pobres que no saben que tienen voz, voces que callan corrupciones, voces protegidas bajo una corona, voces amparadas tras la cruz divina… Voces que en estos tiempos tiemblan al ver despertar aquellas que han tomado la fuerza que les ha dado los años de silencio.

La Primavera Árabe despertó hace años para quitarse del cuello esa mano gubernamental y divina que apretaba hasta ahogar. Aquellos países, metidos en el saco del islamismo radical y tachados por occidentales prejuiciosos, extendieron un aliento de valentía y esperanza al mundo, todos podemos y debemos cambiar el curso de la historia. Y en todos se incluye España.

Hoy la corona fabricada de mentira maciza y la mole de políticos corruptos pesan más que nunca en las espaldas de los españoles. A la mochila del paro y el desamparo sumamos el menhir del estamento corrupto, digo estamento porque parece ser inamovible y digo corrupto, en general, porque los pocos cuerdos que nos quedan adoptan la ley del silencio y “todos” a gusto.

Mientras la cúpula abrillanta la plata, trabajadores que ven peligrar su puesto y nuestros derechos fundamentales, parados que no pueden alimentar a sus familias, viejos que ven volver a nosotros un pasado contra el que ellos lucharon con uñas y dientes,  jóvenes que ven un futuro oscuro y niños ajenos a esos términos de Bolsa pero que ven en pequeñas cosas el impacto de la crisis, se manifiestan, se atrincheran en casas al borde del desahucio, en hospitales “externalizados”, en colegios a punto de cerrar y en comedores sociales. Pues, vista esta condena al abandono, sólo nos queda unirnos por una vida digna, que tampoco se pide tanto. Y lo hacemos porque al fin somos conscientes de algo que creíamos superado con la caída de los regímenes totalitarios y es que “el pueblo no debería temer a sus gobernantes,  los gobernantes deberían temer al pueblo”, como anunciaba Alan Moore a través de V de Vendetta. Pues ésta es la venganza de los españoles, despertar sus voces sin miedo.oces de pueblos que gritan en silencio, voces adormecidas por años de censura, voces pobres que no saben que tienen voz, voces que callan corrupciones, voces protegidas bajo una corona, voces amparadas tras la cruz divina… Voces que en estos tiempos tiemblan al ver despertar aquellas que han tomado la fuerza que les ha dado los años de silencio.

La Primavera Árabe despertó hace años para quitarse del cuello esa mano gubernamental y divina que apretaba hasta ahogar. Aquellos países, metidos en el saco del islamismo radical y tachados por occidentales prejuiciosos, extendieron un aliento de valentía y esperanza al mundo, todos podemos y debemos cambiar el curso de la historia. Y en todos se incluye España.

Hoy la corona fabricada de mentira maciza y la mole de políticos corruptos pesan más que nunca en las espaldas de los españoles. A la mochila del paro y el desamparo sumamos el menhir del estamento corrupto, digo estamento porque parece ser inamovible y digo corrupto, en general, porque los pocos cuerdos que nos quedan adoptan la ley del silencio y “todos” a gusto.

Mientras la cúpula abrillanta la plata, trabajadores que ven peligrar su puesto y nuestros derechos fundamentales, parados que no pueden alimentar a sus familias, viejos que ven volver a nosotros un pasado contra el que ellos lucharon con uñas y dientes,  jóvenes que ven un futuro oscuro y niños ajenos a esos términos de Bolsa pero que ven en pequeñas cosas el impacto de la crisis, se manifiestan, se atrincheran en casas al borde del desahucio, en hospitales “externalizados”, en colegios a punto de cerrar y en comedores sociales. Pues, vista esta condena al abandono, sólo nos queda unirnos por una vida digna, que tampoco se pide tanto. Y lo hacemos porque al fin somos conscientes de algo que creíamos superado con la caída de los regímenes totalitarios y es que “el pueblo no debería temer a sus gobernantes,  los gobernantes deberían temer al pueblo”, como anunciaba Alan Moore a través de V de Vendetta. Pues ésta es la venganza de los españoles, despertar sus voces sin miedo.

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