La que está cayendo

Hace varios años que nuestros gobernantes ocultan la necesidad de cambios profundos en las leyes fiscales. Tras los últimos acontecimientos ocurridos con Bankia, y a proposito del cobro del IBI a la Iglesia, el Gobierno alega que “con la que está cayendo” es irresponsable pedir cambios en la legislación. Así, mientras que para el ejecutivo […]

Hace varios años que nuestros gobernantes ocultan la necesidad de cambios profundos en las leyes fiscales. Tras los últimos acontecimientos ocurridos con Bankia, y a proposito del cobro del IBI a la Iglesia, el Gobierno alega que “con la que está cayendo” es irresponsable pedir cambios en la legislación.

Así, mientras que para el ejecutivo “la que está cayendo” es lo idóneo para recortar 3.000 millones de euros en educacion y 7.000 en sanidad (los últimos datos de la seguridad social indican un aumento del 11% en su superávit), no ven que sea tan buen momento para aclarar, por ejemplo, por qué será necesario invertir 23.000 millones en una entidad bancaria privada (y recalco el hecho de que se trate de una inversión y no de un préstamo, lo que implica un riesgo de perdida de capital infinitamente mayor). De este mismo modo el propio presidente, que propaga la idea del recorte como filosofía, no entiende, o parece no querer hacerlo, que pedir que la Iglesia pague el IBI supondría un ingreso de 3.000 millones de euros más para el Estado (casualmente lo mismo que se recorta en educacion).

El gobierno de España, lejos de llevar una política de lógicos recortes (discutiblemente necesarios en algunos casos) y a su vez una línea de aumento de ingresos mediante el incremento de la presion fiscal a las rentas altas y el cobro de impuestos ahora mismo abolidos, prefiere mantener la soga al cuello de los mas indefensos. Nada de pedir mayor implicación a aquellos que durante las últimas décadas, y en muchos casos los últimos siglos, han sido beneficiados por un Estado que ahora más que nunca se muestra títere del poder económico.

Porque “con la que está cayendo” es precisamente ahora cuando hemos de pedir explicaciones y mayores esfuerzos a los verdaderos responsables de esta debacle. Ampararse en la actual situación para ocultar la realidad y denegar los cambios necesarios es, además de irrespetuoso, antidemocrático.

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