¿La libertad del conocimiento?

LUIS MANUEL FERNÁNDEZ MARTÍNEZ (@luismanuel_fm) Doctorando en Periodismo (Investigador en formación FPU Ministerio de Educación en la Universidad CEU San Pablo) ¿Quién se atrevería a descubrir lo desconocido para mejorar el mundo en que vivimos? Hablo de una aventura apasionante con importantes requerimientos a tener en cuenta: una labor constante, rigurosa y sistemática de búsqueda, […]

LUIS MANUEL FERNÁNDEZ MARTÍNEZ (@luismanuel_fm)

Doctorando en Periodismo (Investigador en formación FPU Ministerio de Educación en la Universidad CEU San Pablo)

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¿Quién se atrevería a descubrir lo desconocido para mejorar el mundo en que vivimos? Hablo de una aventura apasionante con importantes requerimientos a tener en cuenta: una labor constante, rigurosa y sistemática de búsqueda, generación y difusión de nuevo conocimiento. Se trata de una apuesta a riesgo cero. Nuestra mejor inversión reside sin lugar a dudas en la investigación.

Desgraciadamente la realidad no acompaña al fundamento. El caso español se encuentra bajo mínimos. Según el último informe de La Moncloa en su sección Economía e I+D+i la inversión pública en I+D+i se sitúa en el 1,24% del PIB, una porcentaje escaso si lo comparamos con lo que representa en otros países de nuestro entorno.

El sector privado tampoco se queda atrás. El gasto ejecutado en las actividades de I+D+i constituye el 0,66% en relación al PIB, inferior al 1,3% que como promedio ejecutan las empresas en la UE. En otras cifras, el sector de la investigación representa el ínfimo porcentaje de un 12 por mil respecto a la población activa.

Existen además otros problemas para acceder a los recursos, no solo económicos. Los equipos apenas pueden acceder a las ayudas por lentos y obsoletos procedimientos de evaluación y asignación. La producción científica tampoco encuentra sitio en este país. Hay muy pocas revistas científicas de impacto españolas reconocidas en bases de datos internacionales, a lo que se añaden unos dilatados cauces para poder publicar en las mismas.

En términos generales, se debe repensar por completo el sistema de evaluación de la producción científica: para la obtención de méritos prevalece el tipo de revista sin entrar en los contenidos, prima la cantidad sobre la calidad, etc. Toda una seríe de ítems por redefinir.

En este contexto, el papel de los agentes implicados es prioritario. La gestión de los recursos destinados a este sector depende en última instancia de un personal técnico bien entrenado y buenos profesionales capaces de generar nuevo conocimiento en todos los ámbitos: la investigación científica, tecnológica, humanística y social.

Esta responsabilidad reside en centros capaces de formar a profesionales competitivos. Las instituciones académicas deben asumir el rol que les corresponde. Sin embargo, no hay cauces para que se formen los investigadores ante la falta de “maestros” (catedráticos) en las universidades, colapsadas de gente joven a la que cuesta poco dinero contratar.

La investigación es el motor de avance y desarrollo en la sociedad, prueba inequívoca del nivel competitivo de un país. El Estado, el tejido empresarial y el mundo académico son agentes imprescindibles a los que les corresponde liderar un cambio que empieza por entender las bases del sistema: la libertad y la soberanía residen en el conocimiento.

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