La doble vida de una mujer maltratada

Muchas son las personas que conviven en sociedad con gente a la que conocen desde siempre y que nunca han llegado a sospechar que realmente dentro de esa gente se esconde un lado tan oscuro y maligno que incluso llega a ser difícil de creer. Sin embargo, mientras que la mayoría de la gente sigue […]

Muchas son las personas que conviven en sociedad con gente a la que conocen desde siempre y que nunca han llegado a sospechar que realmente dentro de esa gente se esconde un lado tan oscuro y maligno que incluso llega a ser difícil de creer. Sin embargo, mientras que la mayoría de la gente sigue ajena ante la verdadera identidad de estas personas, hay otro tipo de población que sufre y vive cada día los estragos de ese tormentoso comportamiento: las mujeres. Son ellas, sin duda alguna, quienes más sufren esta maldicion. Sí, sí, el maltrato y el acoso no puede tener otro nombre que le venga mejor que el de maldición, pues esas mujeres conviven día tras día con sus parejas, sus esposos, o con gente que están muy unidas a ellas. Y sin embargo, todas ellas aguantan con toda su alma, con todo su corazón y su empeño en seguir aguantando los golpes, la humillación y el acoso de estas personas. ¿Pero qué pasa por la mente de estas personas para comprtarse así? ¿Es que acaso el mundo les ha hecho ser de esa forma, o son así desde que nacen hasta que mueren? Algunos dirán que ellos no son malos, que lo que hacen no está mal y básicamente se defienden con la excusa de que lo único que quieren es el amor y la comprensión de sus parejas. Otros defenderán sus actos como aquello que la educación y la vida les ha otorgado a lo largo de los años, y finalmente, el resto de maltratadores no logra afirmar nada, solo se escudan tras la tristeza, la pena, la amargura que transmiten a lus parejas y demás personas que hay a su alrededor para así retenerlas contra ellos y manipularlas a su antojo. ¿Y qué hace una mujer ante tales sucesos? ¿Qué salidas tiene? Ninguna, dirían la mayoría, y sólo una ínfima parte aludiría que existen posibilidades, pero que están lejos de ser alcanzadas. Todas ellas pueden llegar a aguantar toda una vida de penurias a manos de sus parejas, y sin embargo, en algun momento de esa vida, aparece esa puerta que no tiene cerradura, y en sus manos poseen la llave de una esperanza que perdieron tiempo atrás. Esa esperanza esa la que las lleva a seguir adelante, a luchar y a escapar de sus maltratadores, de vivir la vida plenamente libre, con el resto de su familia, amigos e incluso de llegar a encontrar de nuevo un amor que se merezcan de verdad, que las amen y las cuiden, que las den todo lo que nunca antes obtuvieron. A pesar de todo, sigue habiendo miles de mujeres que no llegan a encontrar esa puerta nunca, y que mueren sin llegar a saber lo que es la verdadera felicidad y libertad. A todas esas mujeres, mártires de sus parejas, solo me queda decirles que la esperanza y la lucha es algo que no deben perder nunca y que con ellas, toda mujer puede obtener lo mejor que la vida ofrece a cada persona.

Publicado por: José Javier Bonilla Martín

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