La deriva griega

Después de varios años de crisis, Europa ve con incredulidad una salida próxima. La sociedad del continente mira con cierto desdén a su clase política, incapaz de solventar una situación sin precedentes. Desde la Segunda Guerra Mundial nunca antes se había visto un desequilibrio igual en la región, creíamos, mas cohesionada del mundo. Sin embargo […]

Después de varios años de crisis, Europa ve con incredulidad una salida próxima. La sociedad del continente mira con cierto desdén a su clase política, incapaz de solventar una situación sin precedentes. Desde la Segunda Guerra Mundial nunca antes se había visto un desequilibrio igual en la región, creíamos, mas cohesionada del mundo.

Sin embargo es ahora, al igual que en su día ocurrió tras la crisis del 29, cuando Europa ve resurgir con fuerza los nacionalismos exacerbados de carácter pseudo-fascista. Sobre este tema es posible hacer casi tantos análisis como Estados conforman la actual Unión Europea, pues apenas unos pocos se libran del auge extremista; sin embargo, y poniendo la mirada en las ultimas elecciones griegas, parece que allí , -sea por la destrucción del bipartidismo o por los intereses Europeos en un “socio” que les debe demasiado- la situación es mas critica que nunca. La ultraderecha ha conseguido una representación pequeña, pero peligrosa en el parlamento (8%), lejos aun de las cifras de algunos países del norte de Europa donde el voto extremista se sitúa entre el 10 y el 20%, pero que pese a ello hace temblar a toda la Unión . La causa de la desconfianza no es, en ningún caso, pecata minuta: la ultraderecha griega se apoya en una sociedad aturdida y extremadamente volátil.

Mientras en el norte los partidos ultras tratan de mimetizarse con el resto de la esfera política, en Grecia se ha derivado hacia un extremismo no solo ideológico, sino también de facto. Es neofascismo puro y a mucha honra. La sociedad de la que surgió la esencia de la democracia se encuentra irascible por unos recortes sociales sin precedentes que, en buena medida, permiten entender el descontento mostrado en las urnas. El auge del neofascismo en Grecia no es algo puntual, porque derivas así no duran “dos telediarios”. Atentos al país heleno.

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