Julio Anguita: “No hay nadie más peligroso que Gandhi”

Nos trasladamos a Córdoba a reunirnos con el que fue coordinador de IU, alcalde de Córdoba con este partido, y presidente del Partido Comunista, Julio Anguita. Nos recibe en el pintoresco casco antiguo de su ciudad, y nos concede una hora de entrevista, mostrándose tan afable y tan sencillo como todo Córdoba atestigua que es […]

Nos trasladamos a Córdoba a reunirnos con el que fue coordinador de IU, alcalde de Córdoba con este partido, y presidente del Partido Comunista, Julio Anguita. Nos recibe en el pintoresco casco antiguo de su ciudad, y nos concede una hora de entrevista, mostrándose tan afable y tan sencillo como todo Córdoba atestigua que es su exalcalde.

¿Cuál fue su primera sensación cuando el Partido Popular ganó por mayoría absoluta las últimas elecciones generales?

Primeramente, no me extrañó; se veía venir. Pero en todo caso forma parte de la alternancia, que no de la alternativa. Ambas fuerzas políticas están en la misma orilla. Están compartiendo un mismo proyecto: político, europeo, internacional, económico, electoral. Podríamos decir que son las dos cariátides que sostienen el templo del bipartidismo. El PP lo único que hace es profundizar, porque forma parte de su esencia ideológica, en esas medidas. Pero quien le ha abierto el camino ha sido el PSOE, y así desde la Transición.

En países como Alemania, Italia o los países escandinavos la derecha triunfa. En Finlandia, por ejemplo, los Auténticos Finlandeses ocupan 39 escaños del Parlamento. ¿La derecha se ve como una solución a la crisis? ¿La izquierda no ha sabido afrontarla?

El fascismo es una ideología para perezosos mentales. Le da a la gente varias cosas muy claras: verbaliza y concreta al Enemigo: el judío, el comunista, el extranjero… Y aparte de eso, da unas fórmulas, unas consignas donde se habla de los grandes valores a lo que nadie puede decir que no, como el trabajo o el sacrificio. Después la sublimación, el gran engaño de la Patria. Estos tres ingredientes conforman la salida fascista a la crisis. Y hoy la sociedad se está instalando en este atisbo.

En esta tragedia, la reflexión es la gran víctima de esta situación y el campo abonado para el fascismo. Por eso no hay ningún problema en entender cómo en un momento determinado, en Francia, el cinturón que votaba al Partido Comunista pasara a votar a Le Pen.

Otra solución que se está dando en Europa es la de los gobiernos tecnocráticos, como el de Papademos en Grecia o Mario Monti en Italia.

Mismos perros con distintos collares.

¿Usted piensa que es el fin de la política, o es la política con otras caras?

Es política. Mire usted, no hay nada más político que los apolíticos, ni nada más político que la economía. Hasta hace poco, la clase del poder ha tenido a los políticos como la clase gobernante. Pero hay un momento en que la clase del poder no se fía de la clase gobernante y directamente actúa. Es el caso de Grecia, de Italia, del Banco Central.

En 1993, el politólogo Gene Sharp escribió De la dictadura a la democracia, un manual con 198 formas de derribar un gobierno pacíficamente. ¿Cree que eso es posible o la violencia es inevitable?

En mi horizonte teórico nunca he desechado la violencia. La violencia existe: violencia sobre los trabajadores, la violencia económica, son reales. No hay nadie más peligroso que Gandhi. Yo planteo que la rebelión tiene que ser pacífica a lo grande, pero en un momento, si ellos actúan con violencia, tenemos que responderles con la violencia. Siendo inteligente, a mí no me gusta enfrentarme a alguien que tenga más armas que yo.

¿Consideraría viable un estado comunista en Europa en pleno siglo XXI?

Yo soy comunista y me he atenido siempre a la definición que Marx hace del comunismo: “movimiento real que continuamente va superando contradicciones”. A mí una sociedad socialista me da igual que se llame “comunista” o lo que sea. ¿Cuál es la plenitud de la sociedad que yo quiero hoy? La plenitud de los Derechos Humanos. Pongo ante ustedes dos documentos ahora: la solemne Declaración de los Derechos Humanos y la Carta de la Tierra. Ése es mi proyecto de sociedad, lo que pasa es que ese proyecto es altamente revolucionario.

Habla usted de los Derechos Humanos. Sin embargo, tomando como referentes casos como Cuba o la Unión Soviética, ¿cree que en la práctica el comunismo puede conjugarse con el respeto a los Derechos Humanos?

¿Sabe usted si se cumplen los Derechos Humanos en los Estados Unidos?

Quizás no, pero no le pregunto por Estados Unidos.

No, pero yo sí, porque cuando cojo la bandera de los Derechos Humanos no meto solo a los países llamados “comunistas”, sino a todos. Yo no estoy de acuerdo con cosas que hay en Cuba, pero si queremos que en Cuba las cosas puedan ir cambiando, tenemos que impedir un hecho absolutamente delictivo: el bloqueo. Yo no puedo tratar a una víctima igual que al verdugo. Y aquellos que dicen “condene usted a Cuba”, les digo “no, condeno la situación”. Yo pertenezco a un partido que se enfrentó a la Unión Soviética por la invasión de Checoslovaquia. Hay que darle un tirón de orejas a todo el mundo. A nosotros también, claro.

¿Critica ese régimen?

Critico a todos los estados del planeta, al cubano y al de Estados Unidos, al español, al alemán y al francés. Si nos ponemos a hablar de barbaridades, yo también hablo de barbaridades: el gulag, vale; Indonesia, un millón de fusilados comunistas. A lo que no estoy dispuesto es a sentarme yo solo en el banquillo de los acusados, porque entonces estoy justificando a otros asesinos. No hay ningún estado que esté cumpliendo los Derechos Humanos, ninguno, y en cuanto a torturas, USA con Guantánamo.

¿Qué le parece el 15-M?

Que conste que yo también formo parte del 15-M. El 15-M tuvo la capacidad de saltar, pero le ha faltado algo. ¿Han estado en asambleas del 15-M? Veo a pocos trabajadores. Veo estudiantes, profesionales en paro, hijos de la clase media, pero a los trabajadores no los veo. ¿Por qué? Porque los trabajadores en este momento desorganizados, desmotivados, secuestrados por la televisión, no han captado que la lucha es intelectual. Como en la Revolución Francesa, la revolución siempre viene de las élites que se encuentran con que el proyecto no les funciona. Los dominados nunca han generado el pensamiento alternativa, la historia lo dice.

Cuando yo digo “movilización”, mis camaradas están todo el rato diciendo “¡A la calle!”. Y yo digo que no, antes de salir a la calle ármate de esto [señalándose la sien] y subvierte con inteligencia. Subvertir es romper el esquema mental del adversario, y para eso hay que estudiar, prepararse. Eso es para mí la movilización, y no salir a llamar “hijos de su madre” al que gobierna, o “no nos representan”. El 15-M ha caído en el mito de Narciso: se ha mirado al espejo y se ha encontrado bellísimo. Pero es un movimiento interesante.

Parece que IU es la formación que más se aproxima a las propuestas lanzadas por el 15-M, ¿por qué entonces no tiene más representación? ¿Hay un fallo de comunicación? ¿Fallo en el programa?

Soy de los políticos que no me fío de los medios de comunicación. ¿Por qué? Los medios de comunicación suelen ser empresas, y hemos hecho de nuestros mensajes mercancías evaluables por la cuota del mercado. El fallo de IU es que no ha sabido dirigir proyectos soberanos y alternativos, y estuvo siempre mirando al compañero del PSOE. Ahora estamos secuestrados por el discurso de la mayoría, y claro, no hemos asumido que tenemos que ir a una ruptura, que no quiere decir violenta. Una ruptura que se programa, se explica, se calcula, se evalúa. Además, estamos luchando contra un bipartidismo perfectamente instalado. Por otra parte, el que está aquí sentado ya ha hecho alguna propuesta de cómo refundar IU; me la han aprobado pero me la han guardado en un cajón. Una manera como otra cualquiera de desactivar la bomba.

Con su gran papel en las recientes revoluciones árabes, ¿el ciberactivismo es una alternativa a los medios tradicionales?

No, alternativa no hay ninguna. No es que esté en desacuerdo, estas plataformas son útiles. La población necesita conocer lo que pasa en su país, que le expliquen, pero no confío de todo en Internet. Quiero que la gente sepa por qué, pero quiero contacto personal, reunirme, que la gente se toque, se vea, que sienta que existimos, que latimos al mismo tiempo. No se puede suplir nunca la congregación de seres humanos reunidos físicamente en torno a un proyecto. Internet y otras plataformas pueden ayudar, pero no pueden sustituir esto.

Los sindicatos están ahora mismo en entredicho. Desconcertados cuando comenzaron las movilizaciones del 15-M, atacados por el PP… ¿Pero hay algo de autocrítica en esta situación?

Usted está hablando con el que tuvo el gran follón con CCOO y con el crítico durísimo con los sindicatos. Su primera gran equivocación fue renunciar al horizonte político. Los sindicatos surgen a la sociedad como un segundo frente mucho más cercano a la gente que el frente político. Pero ahí tienen su gran pecado: poco a poco se transformaron en gestores de lo que había. Los dos sindicatos mayoritarios son un apéndice del estado.

Subvencionados por él, de hecho.

Cuidado. Yo censuro las subvenciones a los sindicatos, pero censuro también las subvenciones a los sindicatos y a la iglesia. Son los responsables de lo que está pasando, han sido muy sumisos, muy ovejunos. No han tenido pensamiento propio, se han adormecido y se ha creado una casta sindical, burocrática. Pero bueno, ¿y la Iglesia católica de qué vive? Oscurantista, contra el progreso, ¿y por qué cobra? ¿Y los empresarios, que son los más subvencionados del mundo? Que sí, que fuera subvenciones, pero a todos.

Y ahora para terminar un asunto de actualidad. ¿Qué opina sobre el caso Urdangarín?

Urdangarín, lo que ve todos los días. Este es un país en el que la corrupción forma parte de su naturaleza. Que un político del PSOE indulte a un banquero que estaba siendo condenado, que María Teresa Fernández de la Vega impidiera que el estado procesara a Emilio Botín… Los delincuentes tienen en este país bula, tienen perdón. Estamos gobernados por una parte de la cleptocracia. Aquí no hemos tenido una burguesía razonable, sino una oligarquía miserable.

¿Urdangarín qué es? Un ejemplo más de los Camps, de los Fabras, de lo que fue el PSOE en los 90. Un despliegue diario del robo y del latrocinio. Nadie se hace rico honradamente; si no ha robado él, en su origen ha robado alguien

¿Cree que puede ser un paso para la República que usted defiende?

Ser republicano no es solamente ser antimonárquico. De esos republicanos no quiero ninguno conmigo. La República ha sido una construcción social, ideológica, de valores, de actitudes y de proyectos. Hay miles de personas que critican al rey, pero a esos no los quiero a mi lado nunca. Un republicano es para mí el portador de un proyecto, en el que obviamente, la monarquía sobra.

 

Entrevista realizada por Celia Vela, estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III (Madrid) y por Diego Lantero Señán, estudiante de Políticas en la Universidad Carlos III.

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