Frente al precipicio, silencio

La imputación de la infanta Cristina deja a la Corona, esta vez sí, entre la espada y la pared. La Casa del Rey guarda silencio ante el revés. Nada nuevo. Mientras millones de españoles sufren a diario las consecuencias de una crisis sobrevenida, los representantes del Estado y de la propia ciudadanía callan a la […]
Comparecencia Rajoy mediante un monitor.
Imputación de la Infanta Cristina, 5 abril 2013
Portada ‘Hola’, Princesa Corinna.

La imputación de la infanta Cristina deja a la Corona, esta vez sí, entre la espada y la pared. La Casa del Rey guarda silencio ante el revés. Nada nuevo.

Mientras millones de españoles sufren a diario las consecuencias de una crisis sobrevenida, los representantes del Estado y de la propia ciudadanía callan a la espera de que pase el temporal. Silencio.

La tensión social aumenta en las calles al tiempo que el Presidente, en un alarde de comunicación corporativa y gestión de imagen, da “explicaciones” por videoconferencia. Otro presidente, el de la Xunta, fotografiado hace dos décadas junto a un traficante en su yate, afirma que no sabía nada de la vida privada de su anfitrión. Silencio.

El que durante años fue tesorero del Partido Popular y que hasta el pasado mes de enero cobraba un sueldo más, no tenía nada que ver con el Partido, pero se llevó decenas de millones de euros obtenidos de una financiación irregular de la que, parece, nos hemos olvidado ya. No interesa hablar de la financiación de los partidos, la gente quiere cabezas, y el PSOE, también calla al respecto. Silencio.

La Corina y la Corona, aunque parecidos, no son lo mismo. La relación entre el jefe del Estado y la alemana nunca trascenderá más allá de las peluquerías; aún cuando durante años vivió en un chalet de lujo muy próximo a la Zarzuela, en el que Patrimonio Nacional se gastó dos millones de euros; todo mientras la “princesa” se encontraba bajo la protección del ministerio del Interior. Silencio.

Las negociaciones entre la Generalitat de Catalunya y Moncloa han trascendido por filtraciones a la prensa. Nadie informó desde el ministerio de la Presidencia sobre los encuentros secretos entre Rajoy y Mas. La democracia ya es cosa del pasado, volvemos a aquello del “gobierno para el pueblo pero sin el pueblo”. Silencio.

Cada día se hace más evidente la estrecha relación entre aquellos que se acogieron a la amnistía fiscal con la corrupción o la mafia. Mientras la clase media española paga sus impuestos, a los más ricos se les perdona y premia con amnistías. Pero como diría Rajoy nadie dijo nada, ni con Zapatero, ni ahora. Aquellos que sí cumplieron sus obligaciones fiscales deberían haberse plantado, pero no. Silencio.

Ada Colau y la PAH protestan, gritan y señalan a diputados y representantes políticos para exigir la dación en pago de las familias que no pueden con su hipoteca, todo ello en actos calificados de “kale borroka”. Algunos parecen echar en falta a ETA en momentos como estos. No habrá solución para los pobres, las amnistías son cosa de ricos. Silencio.

Los consejeros de sanidad de la Comunidad de Madrid parecen tener una estrecha colaboración con las empresas a las que se concede la gestión de los hospitales públicos construidos con dinero del Estado, eso que ellos llaman externalización. Deben creer que la deontología es la disciplina médica que se encarga de los dientes. Silencio.

Pepe Blanco, el que fue secretario general del PSOE durante varios años, es imputado mientras Rubalcaba, en una muestra de coherencia sin parangón y tras haber pedido la dimisión de Rajoy por el caso Bárcenas, le ofrece su completo apoyo y respaldo. Es la lógica del poder. Silencio.

En Andalucía “ere” no era la segunda persona del singular del verbo ser, como todos pensábamos. A algunos les resultó muy fácil enriquecerse con el dinero de la Junta destinado a los expedientes de regulación de empleo. Nadie dijo nada durante años mientras unos cuantos se gastaban el dinero en prostitutas y droga. Allí los altos cargos políticos tampoco se responsabilizan de lo ocurrido.Los culpables siempre son otros. Silencio.

Cataluña está en la quiebra. Mientras el President vocea y promete un paraíso independiente de una España corrupta y herida de muerte; cobra por habitaciones individuales e incluso por dormir en sus hospitales. El repago está de moda, solo con los impuestos no basta para contentar a tanto corrupto. Silencio.

Únicamente tras el silencio se pueden esconder aquellos que durante décadas llevan aprovechándose de las corruptelas de los partidos, financiando gastos privados con dinero público o utilizando su imagen institucional con fines méramente económicos y personales. Pero si el silencio les salva del presente, no lo hará del futuro; tarde o temprano la historia hará justicia en un país donde la mediocridad política y los intereses privados pesaron más que el bien común.  Nuestra venerada España sufre hoy el síndrome Corina: antes querida y apreciada, hoy solamente repudiada. El tiempo juega a favor, acabarán por irse… Rectifico, terminarán echándolos.

Desde la capital, Berlín, ya lo han dejado claro: los bancos no amnistían a nadie; si hace falta, que salten por el precipicio. Pero ante todo, silencio, no debemos despertar a los Mercados.

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