Estudiantes en prácticas vs becarios

Imagínese la posibilidad de tener en su empresa a un trabajador recién graduado, joven, dinámico, con ganas de comerse el mundo y de aprender trabajando. Además, imagínese que ni siquiera tuviera que pagarle el salario mínimo. Puestos a imaginar… ¡Imagine que no tuviera ni que pagarle nada y que el Estado lo permitiera!

Lo cierto es que esta figura existe y se ha convertido en algo que numerosas empresas aprovechan en beneficio propio: los becarios. Ahora nadie puede quejarse cuando, siendo alumno de una universidad, en sus prácticas recibe 300 o 400 euros por trabajar ocho horas de lunes a viernes (aunque en su convenio de prácticas no queden reflejadas tantas horas) realizando trabajos que poco o nada tienen que ver con sus estudios: “No sé de qué te quejas, a mí ni me pagan”, suele ser la respuesta habitual.

Pero los becarios no son solo universitarios en prácticas, España es el segundo país de Europa en porcentaje de alumnos que siguen siendo becarios tras graduarse, llegando al 67% según el último estudio de la OCDE sobre jóvenes y empleabilidad, con las pésimas condiciones laborales que ello supone. Los datos no son subjetivos, al igual que tampoco lo es la precariedad de los becarios españoles, en el último puesto de Europa en compensación económica por sus trabajos: tan solo el 29% de ellos recibe una beca que cubre sus necesidades básicas, según el citado estudio.

Las empresas deben concienciarse de que la figura del becario se creó para complementar su formación, es decir, para que aprendiera, no para que fuera un trabajador más, y las universidades deben endurecer las condiciones con las que aceptan solicitudes de empresas que buscan alumnos en prácticas. Deben hacerlo para garantizar que todos ellos perciban un salario digno o la formación adecuada (a veces es mejor una mochila llena de experiencias enriquecedoras que de dinero), que realicen tareas más allá de poner cafés y quedarse con el trabajo que nadie quiere hacer (algo que no es en absoluto un tópico) y que salgan de la empresa siendo mejores profesionales.

Para todo ello hace falta esfuerzo y evaluaciones del desempeño que sean tenidas en cuenta, pero no al alumno exclusivamente, sino a la propia empresa que le contrata. Depende también de los universitarios saber que su trabajo ha de valorarse, que las prácticas tienen que dejar de ser un trámite para ser una parte más en su aprendizaje y que, en definitiva, no deben aceptar ningunas prácticas que consideren abusivas. Becarios sí… pero no así.

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