El principio del fin de la Arquitectura

Hace unos días se ha conocido el proyecto de ley de servicios profesionales que pretende llevar a cabo el ministerio de economía, un golpe directo -y mortal- a un gremio ya azotado por la crisis: el de los arquitectos. El nuevo proyecto de ley del citado ministerio, muestra la excepcional visión artística y el total […]

Hace unos días se ha conocido el proyecto de ley de servicios profesionales que pretende llevar a cabo el ministerio de economía, un golpe directo -y mortal- a un gremio ya azotado por la crisis: el de los arquitectos.

El nuevo proyecto de ley del citado ministerio, muestra la excepcional visión artística y el total respeto que tienen los economistas que han debido de elaborar esta aberración por el diseño y la arquitectura y, por qué no decirlo, por todas las personas que la habitan. Una de las partes fundamentales que ha trascendido de dicho documento es la intención de liberalizar la posibilidad de proyectar, lo que supone que cualquier ingeniero relacionado con la construcción podría diseñar y construir todo tipo de edificación: desde casas hasta iglesias, pasando por colegios o auditorios. De esta manera, el arquitecto se convertiría en algo innecesario y residual pues, como es obvio, ninguna constructora o cliente contrataría a un arquitecto y a un ingeniero pudiendo contar solo con el ingeniero para realizar todo el trabajo (algo hasta ahora impensable).

Pero el golpe mortal no es solo al gremio, a la arquitectura y al futuro; se trataría de un golpe a la sociedad, a los ciudadanos que habitan esa arquitectura, se trataría de un golpe a la razón y a la historia. Porque la cualificación técnica de un ingeniero es máxima, pero no puede suplir el proceso de diseño, estudio y reflexión que lleva a cabo el arquitecto antes de la construcción de un elemento arquitectónico, sea cual sea.

Si este proyecto sale adelante será sin duda el fin de la arquitectura en España tal y como la conocemos, el fin para cientos de miles de arquitectos, pero también el fin para el diseño y el estudio proyectual y el comienzo de una “ingeniería de la construcción” que, aunque seguro que no se derrumbaría, habría acabado con la historia, la cultura y el propio alma de una sociedad. Ya lo decía Octavio Paz: “La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…” Ciudades vacías y edificios sin corazón para un país que parece empeñado en acabar consigo mismo.

Alejandro López Parejo

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