El 15M como revolución moral

Hace ahora un año que la sociedad española, con el ejemplo de fondo de las revoluciones árabes, se planteó un cambio. Hoy, tras doce meses, el movimiento del 15 M no ha muerto como muchos habían pronosticado, pero tampoco la repercusión mediática se ha adecuado a su importancia como elemento social. Cuando el quince de […]

Hace ahora un año que la sociedad española, con el ejemplo de fondo de las revoluciones árabes, se planteó un cambio. Hoy, tras doce meses, el movimiento del 15 M no ha muerto como muchos habían pronosticado, pero tampoco la repercusión mediática se ha adecuado a su importancia como elemento social.

Cuando el quince de mayo de 2011 centenares de personas comenzaron a protestar y despotricar contra la situación política y social, algunos decidimos quedarnos al margen; esperar a ver si se estancaría solo en una protesta más o si realmente seria algo nuevo. Apenas un par de meses mas tarde encontré que el 15 M era, ahora si, un hecho consolidado, un elemento constructivo en una democracia hasta entonces idealizada de la que por fin la sociedad española quería tomar parte; una revolución no solo de carácter social sino también en el ámbito moral. Pero una revolución, una petición de cambio, de poco sirven si no se plantean soluciones coherentes. El 15M y todos los que en él participan han demostrado una madurez y entusiasmo que contrasta con el de nuestra clase política, ajena, en su mayoría, a la situación y malestar sociales.

El 15 M no es un movimiento de “perroflautas”, como se ha hecho creer en buena parte de los medios; se trata de un hecho coherente que pide cambios más que necesarios; de una reacción al azote gubernamental -que viene de lejos- a las clases medias y bajas frente a los entes económicos; de la necesidad de cambiar y hacer cambiar una clase política que no entiende que es mas necesario recortar en Defensa o Interior que en Educación e I+D, porque de nada sirve renovar cada año la flota de furgones antidisturbios si nuestras universidades, nuestros hospitales o nuestros propios sueños se derrumban.

Furgones antidisturbios de la Policia Nacional

 

 

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