Cataluña, España y la Transición hacia el Estado federal

CataluñaEl órdago de Cataluña supone por vez primera, una verdadera ruptura respecto al Estado. La Generalitat plantea, ahora sí, la independencia, algo que no hace mucho parecía impensable.

La crisis, la situación social y el auge nacionalista, han creado un caldo de cultivo que parece firme y dispuesto a la secesión. Pero no es así.Lo que hoy en Cataluña se llama espíritu nacionalista, poco tiene que ver con la verdadera intención de buena parte de la sociedad catalana.

Los catalanes, un pueblo que muchos coincidimos en denominar nación, incluso desde Madrid (a pesar de lo que se pueda creer), han mostrado su capacidad para reivindicar pacíficamente y de manera democrática, su situación como algo injusto.

Tras años de desprecio desde una parte (minoritaria) de la ciudadanía y la clase política española, Cataluña ha querido mandar un mensaje de cambio a las instituciones y órganos del Estado: “ya está bien”. Sin embargo, es una parte de la clase política catalana, liderada por ERC y las fuerzas radicales, quien parece estar desarrollando una avidez y destreza innatas para manipular los hechos.

Durante la Diada, 1,5 millones de personas salieron a las calles en Barcelona; en cambio, y al contrario de lo que se ha querido mostrar, una mayoría de esa población se mostraría muy probablemente en contra de la independencia total.

No se puede, por el contrario, afirmar que la protesta fuera politizada, sino al revés.La reivindicación fue espontánea, pero al contrario, su lectura sí fue politizada. De los 1,5 millones de catalanes, una parte importante portaba esteladas y coreaba a favor de la independencia. Sin embargo, entrando en los datos objetivos, las encuestas mostraban, pocos meses antes de la protesta, unos niveles de independentismo similares a los de años anteriores en la sociedad catalana. Cataluña no es en su mayoría independentista.

Lo que millones de catalanes reivindicaban el pasado 11 de septiembre, no es sino algo similar a lo que se reivindica en las protestas del Congreso en Madrid o frente a la delegación de Gobierno en Sevilla: un cambio en el Estado empezando por su clase política. La sociedad catalana, al igual que la del resto de España, está harta de un Estado ineficiente, injusto y sirviente de los intereses de las grandes firmas.

Tanto el que protesta frente al congreso con una bandera tricolor, como el que lo hace en plaza Catalunya con una estelada, busca un cambio en el Estado.Imagina un Estado en el que realmente la ciudadanía sea el fin y no el medio, un Estado libre, plural e independiente, donde se de prioridad a la educación frente a los rescates bancarios, alejado de las disputas políticas y bancarias. En definitiva, lo que la sociedad catalana y española quieren es un cambio, una nueva Transición hacia un Estado de verdad.

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