Aviación Sin Fronteras -ASF-

Gratificante es prometerse algo a sí mismo, ilusionarse y llevar a cabo un propósito. Aviación sin  Fronteras es una asociación nacida en Francia en 1980 que lleva a cabo una serie de programas humanitarios, para acabar o cuanto menos paliar la situación de los más desfavorecidos, gracias a la ilusión de unas cuantas personas pertenecientes […]

Gratificante es prometerse algo a sí mismo, ilusionarse y llevar a cabo un propósito. Aviación sin  Fronteras es una asociación nacida en Francia en 1980 que lleva a cabo una serie de programas humanitarios, para acabar o cuanto menos paliar la situación de los más desfavorecidos, gracias a la ilusión de unas cuantas personas pertenecientes al mundo de la aviación, de manera continuada:

–          Acompañamiento de niños con diferentes enfermedades para poder ser curados en países europeos.

–          Transporte de ayuda humanitaria.

–          Las alas de la sonrisa: Bautismo aéreo de personas con minusvalías que conocen por primera vez el hecho de volar y rompen así fronteras que no siempre son sólo físicas sino sociales y humanas.

–          Misiones sobre el terreno: Pilotos y mecánicos voluntarios desplazados a distintos países como Tchad o Angola, vuelan en avionetas trasladando ayuda humanitaria o enfermos que de otro modo no llegarían a su destino dada la dificultad de las condiciones para su traslado por tierra.

Pero no solo en Francia se realizan estas labores, son varios países de Europa a los que les  ha llegado la influencia de ASF: España, Alemania, Bélgica, Holanda y Gran Bretaña.

Existen tres maneras de participar en la ONG: Como socio, como voluntario o como donante.

En definitiva, a nivel personal no se me ocurre mejor manera para encontrar la gracia en nosotros mismos  y huir de la esclavitud del hábito que nos hace repetir todos los días los mismos trayectos.  Es una manera de luchar contra el silencio, el mejor refugio de la tristeza, tanto de la inspirada como de la propia.

“Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican. Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.”

Ana Ramos

 

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